Noviembre 10, 2006
Nefastófeles Mundano (III) - La Balada de Ludmilla y Nefastófeles
from: nefastophilus [ nefastofeles.mundano @ gmail.com ]
to: ludmilla [ ludmillasanjuan @ gmail.com ]
date: mar 07th, 2005 20:52
subject: so we aren't us
-i waited
you didn't appear
it's time for me to leave praga
bye ludmilla
: (
suddenly i can see everything thats wrong with me
but what can i do?
i'm the only thing i really have
at allhttp://www.youtube.com/watch?v=uekkswWCtxY
nm.
Publicado por Merman a las 08:28 PM | Comentarios (1)
Noviembre 08, 2006
Nefastófeles Mundano (II) - Sueños Incompletos
Una mañana de Noviembre, Nefastófeles despertó abruptamente de aquel sueño, sudorososobresaltadoinquieto y no por el sueño en sí sino por la incertidumbre de un nuevo sueño inconcluso.
Cada vez que uno de sus sueños se truncaba trataba de encontrar una explicación racional para las respuestas que obtenía de su cuerpo.
Cierto día, siendo niño, soñó que caía y caía y caía por un precipicio, para despertar justo en el momento en que se suponía llegaba el impacto contra el suelo. Así y todo, no le dio demasiada importancia, pues es sabido que este tipo de pesadillas están presentes, al menos en un par de ocasiones, en la vida de toda persona, aunque bien es cierto que la sensación de la caída y del efecto de la gravedad sobre su cuerpo le habían resultado muy reales.
La situación se tornó un tanto más dramática en aquella ocasión en que Nefastófeles, siendo aún un jovencito virgen (de mujeres y de películas y revistas pornográficas) de nueve años, se encontró en su sueño con una amiga a la que cortejaba, conquistaba y llevaba a su casa, sus padres ausentes, para follar con ella. Bueno, quizá ella quería hacer el amor, quién sabe cuál era la diferencia en aquel sueño. Pero, llegados al momento de ambos desnudos en la cama y a punto de empezar acciones que incluyeran algo más que besos, el sueño, de nuevo, se interrumpió.
Un extraño pensamiento cruzó la mente de Nefastófeles.
- Mamá, ¿puede ser que yo llegara a soñar con hacer algo que aún no me ha ocurrido en la vida?, inquirió a su madre la mañana siguiente.
- ¿Por qué? ¿Has tenido alguna pesadilla?, respondió su madre.
- No... bueno, sí, es que soñé que caía por un precipicio y me despertaba justo cuando iba a golpearme, y pensé que quizás tiene que ver con el hecho de que no he vivido nunca algo como eso, y por eso mi cerebro, al llegar a ese punto, no sabe cómo continuar con la historia del sueño.
- No tiene nada que ver, en sí, aunque estés dormido, tu cuerpo está detectando una situación de estrés, así que en el momento de máxima intensidad es normal que despiertes, tu cuerpo se autoprotege de ese posible daño que pudiera ocasionarte la caída y además...
Avergonzado por el motivo real que había ocasionado su pregunta y mucho más con la hipotética posibilidad de sacarlo a la luz, Nefastófeles fingió dar por buena la explicación de su madre, a fin de cuentas quizá no era tan descabellado lo que él se planteaba, cómo puedo saber qué hacer al acostarme con una chica si nunca he estado con ninguna. Cuatro años más tarde, una compañera de clase repetidora de curso se encargaría de resolver sus dudas, aunque eso no ha de contar para esta historia, porque esta historia deja el flashback para volver de nuevo al presente, veintiún años despuñes.
El recuerdo de aquella conversación con su madre regresó con fuerza a su cabeza cuando comenzó a tener sueños en los que se encontraba de frente con un hombre al que apuntaba con una pistola mientras que el tipo a su vez le apuntaba a él con otra. Sin embargo, en el momento en que Nefastófeles tenía la certeza de que ambos dispararían, el sueño se interrumpía de nuevo. Y era muy extraño, porque aunque nunca había visto al tipo del sueño Nefastófeles podía describirlo con gran precisión, tal era el grado de realidad que este sueño desvelaba.
Y con cada nueva ocasión en que el sueño se producía, Nefastófeles recordaba de nuevo la historia de Ludmilla Sanjuan.
-
(continuará... espero... Ω)
Publicado por Merman a las 06:13 PM | Comentarios (0)
Noviembre 01, 2006
Nefastófeles Mundano (I) - Nefastófeles
Nefastófeles Mundano no era originario del lugar en el que vivía cuando le conocí.
Lo cierto es que Nefastófeles ni siquiera se llamaba así, más bien era un alias artístico inventado por pura casualidad y por el que era reconocido en el contexto en el que trabajaba, aunque su verdadero nombre era Ludovico, Ludovico Mundano.
Esta situación, anecdótica a primera vista, le provocaba no pocos trastornos, ya que era frecuente la expedición errónea de billetes de avión o llamadas telefónicas a nombre de Ludovico que la secretaria desechaba por el hecho de que ella no conocía a nadie llamado así.
- ¿Por qué cambiaste tu nombre a Nefastófeles?, le pregunté un día, intrigado por el porqué de su nombre.
- Oh, es una larga historia, pero puedo resumirla en la aparición, tres veces en mi vida, de momentos relacionados con una novela (que le tomé prestada a mi madre) llamada "Diablo Guardián", de un autor mexicano llamado Xavier Velasco.
Y, encantado con la pregunta y con la posibilidad de hablar de sí mismo, la explicación continuó:
- Nefastófeles es un personaje esencial en el viaje (tanto el real como el interno) de la protagonista del libro, y en vista de mi situación personal de los últimos tiempos y de cómo me comportaba con respecto a los demás, pensé que sería interesante adoptar un nombre acorde con la personalidad que estaba desarrollando.
Nefastófeles era un tipo inteligente, quizá algo menos de lo que a él le gustaría y desde luego bastante menos de lo que le gustaba hacer creer a los demás. Inseguro por naturaleza, su verborrea alcanzaba cotas insospechadas con tal de disimular su enfermiza timidez, que si bien se había apaciguado con los años, aún era la suficiente como para hacerle enrojecer de vergüenza en determinados momentos.
Sin embargo, tan grande era su timidez como prodigiosa su memoria, especialmente para los pequeños detalles sin importancia que a nadie importaban, y el recordarlos le hacía especial a los ojos de mucha gente. Y era gracias a esta facultad por lo que podía disimular su falta de conocimiento profundo de muchas cosas, mezclando charlatanería incontrolable junto con el recuerdo de algo aparentemente importantísimo pero sin importancia real para el contexto global de la conversación; así pues, Nefastófeles era un perfecto detector y manipulador de MacGuffins en sus relaciones con los demás.
El corazón de Nefastófeles se había roto tres veces y en justa compensación él había roto corazones ajenos otras tantas, aunque se preciaba de haber podido reconstruir alguno de ellos en alguna que otra ocasión. Aquella tarde, en la que cumplía treinta años, Nefastófeles sintió que recorría de nuevo el inevitable camino de picos de emoción que le dirigiría a aquel dolor vacío que tan frecuente había sido en su vida.
En la noche de aquel día, mientras permanecía en la oficina trabajando y malcomiendo, como tantas otras noches en los últimos meses, escuchó el sonido del timbre de su teléfono móvil.
-
(continuará... espero... Ω)
Publicado por Merman a las 06:22 AM | Comentarios (1)
