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Noviembre 01, 2006

Nefastófeles Mundano (I) - Nefastófeles

Nefastófeles Mundano no era originario del lugar en el que vivía cuando le conocí.

Lo cierto es que Nefastófeles ni siquiera se llamaba así, más bien era un alias artístico inventado por pura casualidad y por el que era reconocido en el contexto en el que trabajaba, aunque su verdadero nombre era Ludovico, Ludovico Mundano.

Esta situación, anecdótica a primera vista, le provocaba no pocos trastornos, ya que era frecuente la expedición errónea de billetes de avión o llamadas telefónicas a nombre de Ludovico que la secretaria desechaba por el hecho de que ella no conocía a nadie llamado así.

- ¿Por qué cambiaste tu nombre a Nefastófeles?, le pregunté un día, intrigado por el porqué de su nombre.
- Oh, es una larga historia, pero puedo resumirla en la aparición, tres veces en mi vida, de momentos relacionados con una novela (que le tomé prestada a mi madre) llamada "Diablo Guardián", de un autor mexicano llamado Xavier Velasco.

Y, encantado con la pregunta y con la posibilidad de hablar de sí mismo, la explicación continuó:
- Nefastófeles es un personaje esencial en el viaje (tanto el real como el interno) de la protagonista del libro, y en vista de mi situación personal de los últimos tiempos y de cómo me comportaba con respecto a los demás, pensé que sería interesante adoptar un nombre acorde con la personalidad que estaba desarrollando.

Nefastófeles era un tipo inteligente, quizá algo menos de lo que a él le gustaría y desde luego bastante menos de lo que le gustaba hacer creer a los demás. Inseguro por naturaleza, su verborrea alcanzaba cotas insospechadas con tal de disimular su enfermiza timidez, que si bien se había apaciguado con los años, aún era la suficiente como para hacerle enrojecer de vergüenza en determinados momentos.

Sin embargo, tan grande era su timidez como prodigiosa su memoria, especialmente para los pequeños detalles sin importancia que a nadie importaban, y el recordarlos le hacía especial a los ojos de mucha gente. Y era gracias a esta facultad por lo que podía disimular su falta de conocimiento profundo de muchas cosas, mezclando charlatanería incontrolable junto con el recuerdo de algo aparentemente importantísimo pero sin importancia real para el contexto global de la conversación; así pues, Nefastófeles era un perfecto detector y manipulador de MacGuffins en sus relaciones con los demás.

El corazón de Nefastófeles se había roto tres veces y en justa compensación él había roto corazones ajenos otras tantas, aunque se preciaba de haber podido reconstruir alguno de ellos en alguna que otra ocasión. Aquella tarde, en la que cumplía treinta años, Nefastófeles sintió que recorría de nuevo el inevitable camino de picos de emoción que le dirigiría a aquel dolor vacío que tan frecuente había sido en su vida.

En la noche de aquel día, mientras permanecía en la oficina trabajando y malcomiendo, como tantas otras noches en los últimos meses, escuchó el sonido del timbre de su teléfono móvil.

-
(continuará... espero... Ω)

Publicado por Merman - Noviembre 1, 2006 06:22 AM

Comentarios

para cuando lo que falta danyy??! :)

Publicado por: pinxe wolfito - Noviembre 6, 2006 01:46 AM

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